Posteado por: puramujer en: enero 22, 2009
El otro día estaba conversando con una amiga. Ella tenía un problema, su pololo no le daba lo que ella, decía, pensaba, merecía. Ella, que había sufrido tanto por otro y se seguía entregando tanto a éste, no estaba recibiendo lo que “merecía”.
En medio de la conversación, latiguda, repetida, yo pensaba qué significa merecer algo?? doy para merecer?? pueden haber mil respuestas, pero mi reflexión fue la siguiente:
Es cierto que muchas veces estamos expuestas a situaciones que nos causan dolor, incluso innecesariamente, pero son así porque somos seres libres, de hacer y que nos hagan sufrir, y nadie “merece eso”. Lo grave es cuando empezamos a relacionarnos con los demás en el código de merecer algo. ¿No se supone que el amor y la amistad son gratuitas?
Cuando yo doy algo de mí, es decir me doy a mí misma a alguien, lo hago, o al menos lo debería hacer, porque quiero lo mejor para esa persona, y yo se lo puedo dar, pero… y muy importante… esa persona está dispuesta a recibirlo, es quien debe recibirlo. A su vez, esa persona, me se entrega a mí desinteresadamente, no porque yo lo haga, sino porque quiere y ve en mí una respuesta a su entrega. Hasta ahí todo bien… el problema empieza cuando ponemos en una balanza la entrega, respuesta, del otro; cuando queremos evaluar quién da más, objetivamente, cuando la entrega de amor o amistad es subjetiva, yo no ando evaluando quién me conviene más.
Todas las personas aprendemos a responder al amor cuando nos aman y aprendemos a no responder o responer mal al amor cuando no nos han amado. Si yo decido amar a alguien me hago responsable, en manera sana, de su forma de amar. Ejemplo: si amo mal es posible que dañe la capacidad de amar de esa persona; si la amo bien es posible que esa capacidad en el otro aumente. Lo mismo pasa cuando nos aman a nosotros.
Uno siempre debe poner ojo en las respuestas que los otros tienen cuando los amamos, pues no es justo amar sin ser amados, pero, por esa misma justicia, no debemos esperar nada que el otro no pueda entregar o no quiera entregar. Debemos ser justos y honestos con el otro, para evaluar si es la persona o no, ser justos con el otro y tomar su respuesta basándose en su condición para responder así, y viendo al otro educar o guiar su entrega en nuestra entrega. Si solo tenemos una lista de lo que esperamos es más posible que presionemos a quienes nos quieren amar de verdad o nos dejemos engañar por quienes son astutos y nos entregan lo que queremos para que no reclamemos, pero tampoco es que nos quieran tanto.
Piensen como nos sentimos cuando a nosotros nos piden respuestas que no podemos o queremos dar, aunque el otro jure que es lo que lo hace feliz. Piensen es por qué nos sentimos mal cuando el otro no se da cuenta de que lo estamos amando, por mucho que nos esforcemos. No es para picarse, sino para ver a quien está recibiendo nuestra entrega y, tranquilamente, saber si es o no nuestro lugar.