Posteado por: puramujer en: enero 20, 2009
P U R A M U J E R <!– @page { size: 21cm 29.7cm; margin: 2cm } P { margin-bottom: 0.21cm } –>
Desde que era chica siempre he pensado que cuando fuera grande encontraría al hombre perfecto para mí. Recuerdo que lo imaginaba perfecto, atento, cariñoso, amistoso y honesto. Lamentablemente, antes de salir del colegio, ya sentía que debía abandonar la búsqueda.
Puse toda mi energía en mantener la falsa ilusión de que el pololo que tenía en ese momento era lo mejor. Y me esforzaba por no verle sus faltas, defectos o vicios, osea, me hacía la loca. Había toda clase de campanas de alerta, luces amarillas y rojas, pero seguía adelante con él de todas formas, concentrándome tanto en lo bueno, que los problemas quedaban ocultos en la sombra. Y no me defendía, ni me enfrentaba a la situación ni hacía nada por mis ideales porque pensaba que si lo hacía, me echaría a perder la oportunidad de que este “hombre perfecto” se quedara conmigo.
Si ahora miro para atrás, varios años atrás, me doy cuenta de que lo más importante para encontrar a ese hombre perfecto hubiese sido buscar el perfecto amor dentro de mi. ¿Cómo el tipo perfecto iba a llegar si yo estaba ciega buscando a puros patanes? o, lo que es peor, ¿Cómo ese hombre perfecto se iba a fijar en mi si yo estaba ocupada con puros patanes? Por suerte me di cuenta, no fue fácil y me costó varios dolores, que hasta el día de hoy cargo, pero he ido avanzando. Ahora me puedo dar cuenta, completamente, de que todas las malas relaciones que había tenido desde el colegio eran el resultado natural de toda mi manera de ver la vida. Tenía cero confianza en mí misma. No creía que Dios tuviera un plan para niñas como yo, así que me aferraba a lo que fuera que pareciese ser amor en ese momento. Parecía que todos los chicos estaban interesados sólo en la misma cosa. Y en vez de esperar con confianza en Dios y confiándome a Él, rebajé mis estándares por desesperanza y asumí que los hombres decentes se habían extinguido en otra época.
Toda la vida estuve concentrada en buscar dónde podrían estar los hombres buenos, como el que soñaba cuando chica, sin fijarme donde estaba yo buscando. Mejor debería haber partido concentrándome en pensar dónde es que los hombres buenos no están.
Hasta el día de hoy no puedo afirmar que el hombre perfecto exista, pero si puedo asegurar que bajar los estándares de busqueda no es la opción para encontrarlo. Las relaciones malas van dañando nuestra capacidad de amar y nos van causando dolores que, acumulados, cuesta más curar.
La buena noticia es que, en esta época, podemos elegir. Aunque elegir lo mejor puede costar más tiempo (pues es más difícil buscarlo), la alegría al encontrarlo es más y mejor que cualquier demora.
enero 20, 2009 a 11:32 pm
El hombre perfecto…No existe, ni la mujer perfecta. Existe la persona con más virtudes que defectos a tus ojos. Quien hace que luzca el sol en tu alma a pesar de hacer un tiempo de perros. Quien te hace reir más que llorar. A quien necesitas para estar bien. Por quien te vuelves loca y te siente con fuerza para hacer cualquier cosa. No hay hombres ni mujeres perfectas, simplemente existen personas que sin saber porqué…Hacem que toda tu vida de repente tome sentido. Y eso no tiene criterio ni un canon determinado. Querida amiga…Eso es simplemente…Es el amor. Cuando llama a tu puerta, hasta la persona más imperfecta del mundo, se torna perfecta a tus ojos…Precioso, no?